Que ¿Qué pasa en Haití?

Una persona a quien no conozco me preguntó que ¿Qué pasa en Haití?, pues él está pensando en ir para allá. Sin haber visto su rostro, puedo intuir que él sabe que “no todo en el mundo es como lo pintan”, y por eso pregunta. Para él estas palabras.

Pues te voy a contar lo que pienso que pasa en Haití. Sin el afán de hacer algún tipo de análisis que pueda ser catalogado como científico, así me ahorro el gran trabajo que representa eso de andar poniendo las citas, pues a veces con citas, referencias y todo, nadie te cree. Entonces, hoy sólo voy a comentar unas cuantas impresiones que tengo sobre Haití.

Empecé a conocer a Haití hace unos meses atrás, gracias a un amigo de República Dominicana, que ama a Haití con toda su vida. Él me contagió con su pasión y también con su profunda preocupación por todas las cosas que pasan en ese rinconcito del mundo; aunque si lo pensamos bien, es más un centro que un rincón.

Luego, con el paso del tiempo fui conociendo a más haitianos que me contaron un sin número de horrores que pasan en Haití, y no exactamente como consecuencia del terremoto. Entre los múltiples casos que escuché figuraban: la farsa de las elecciones, la ocupación militar en manos de las Naciones Unidas y el problema del arroz…

Sin saber con certeza las tendencias de los 19 candidatos que estaban pugnando el poder haitiano, hecho que demuestra por sí mismo la fragmentación social que se vive en la isla, percibí que los candidatos que pasaban a la segunda vuelta recibían un gran apoyo de los Estados Unidos. Luego, por medio de otras fuentes, pude conocer que los dos estaban recibiendo asesoría del famoso Otto Reich. Bueno, si no te animas a googlearlo, te comento que él fue quien dirigió la campaña mediática contra Zelaya antes del golpe de Estado en Honduras, entre otras hazañas, en muchos países.

Los informes sobre el fracaso de las elecciones apenas se dieron a conocer ante la “Comunidad Internacional”, pues a ella no le convenía que se supiera que menos del 25% de la población sufragó. Pero para evitar cualquier duda, en el proyecto que ya se tenía planificado, la misma Hillary Clinton fue a Puerto Príncipe para cerciorarse de que estos dos candidatos (Martelly y Manigat) pasaran a la segunda vuelta; y aunque en esas fechas en Egipto se estaba armando una guerra civil, la prioridad fue la misión caribeña.

Y después de una nueva ronda electoral, con aún menos personas que la primera vuelta, fue que Martelly ganó las elecciones. Claro que los resultados fueron expuestos un mes después, imagínate, cuándo se ha visto eso en otros países. Entre parentesis: varios de los asesores de Martelly, están asociados de alguna u otra forma con el ex dictador Baby Doc. Del retorno del dictador versus el de Aristide, mmm… El ojo crítico de los que más o menos conocen la “fina perversidad” con la que actúa el imperio, saben lo que aconteció. También escribí algo al respecto.

Antes de todo esto, durante y después, han estado presentes las tropas militares de las Naciones Unidas, bajo el nombre de MINUSTAH. Su presencia es otro de los grandes misterios sin resolver que envuelven a la isla. He recorrido de arriba abajo y de derecha izquierda (con todas las implicaciones políticas del caso) para preguntar qué hace la MINUSTAH y qué hacer con ella, y sólo he encontrado contradicciones.

Pero a pesar de todo y todo, si hay algo de lo que sí estoy segura es que la MINUSTAH sirvió, sobretodo en sus primeros años después del 2004, como un instrumento político para acabar sistemáticamente con los líderes del movimiento político de Aristide: LAVALAS. Si no se murieron, fueron amenazados, muchos tuvieron que huir. Ahora los cables de Wikileaks han demostrado la presión ejercida sobre el gobierno brasileño para que actuara con “mano dura”. La masacre de Cite de Soleil, es un triste ejemplo de lo acontecido (Kevin Pina trabajó en un video interesante al respecto).

Y hasta hoy la MINUSTAH sigue ahí, deambulando con tanques de guerra, que yo no sé qué sentido tienen pues en Haití no hay guerra, tal como lo afirmó Ricardo Seitenfus en su famosa entrevista que fue comentada hasta por el mismo Fidel y que le costó el puesto en la OEA. También me lo confirmó un soldado boliviano, quien manifestó que él creía que sus jefes estaban exagerando cuando les decían que tengan mucho cuidado al salir a las calles porque era “inseguro para ellos”. “Yo he salido muchas veces, y nunca me ha pasado nada”, dijo él.

Un estudio demostró que el cólera fue traído por la MINUSTAH. Esto, más las denuncias por prostitución de menores, entre otros tantos y tantos abusos, han generado varias movilizaciones en contra de la MINUSTAH. Hay grupos que piden que salgan completamente, hay otros que piden que se queden a entrenar a los policías, pero los reclamos de nada han servido, porque el nuevo presidente Martelly ya les ha dado su bendición, así que ¡Se quedan!

Pero no es sólo la MINUSTAH la que se está “atragantando” con los recursos que se han destinado para Haití en el marco la supuesta y hasta ahora fallida reconstrucción. He visto cómo actúa el complejo ONG-multinacional-militar en otros países, pero lo que pasa en Haití sólo puede ser identificado bajo una sola palabra: Descarado.

Cuando meses atrás un amigo me dijo que en Haití actúan miles de ONGs, la verdad me pareció un poco exagerado, hasta que me lo confirmó el propio Primer Ministro haitiano en una conversación que sostuvimos en febrero de este año. Una antropóloga mexicana, Carmen Martínez, analizaba en un artículo cómo las ONGs reproducen la segregación que a veces intentan combatir. Pues imagínate esto, multiplicado por mil y el resultado es una verdadera estructura de APARTHEID. Los blancos (comunidad internacional), los menos negros (élite haitiana) y los negros (la mayoría de haitianos que todavía viven en carpas).

En los restaurantes más caros de Puerto Príncipe se observan a los clientes “blancos” (no necesariamente norteamericanos o europeos sino aquellos que no son los negros haitianos), mientras a escasos metros, separados por unas cuantas paredes, están los campamentos de refugiados. En una ocasión conocí a una joven negra que trabajaba como mesera en uno de estos restaurantes, ella sólo hablaba inglés y francés, no hablaba Creole la lengua haitiana, no había necesidad, no tiene ese “tipo” de clientes.

No dudo, que muchas de estas personas tengan muy buenas intenciones, pero hoy en día el corazón debe ser demasiado inteligente para que la bondad no se convierta en una herramienta del mal.

Pero hay otros que han sido más audaces para aprovecharse de la situación haitiana: las multinacionales. Así, la Coca Cola Company ha invertido muchísimo dinero para que los haitianos tengan una “fuente segura de trabajo” en plantaciones de mango, para hacer jugos que serán enlatados y enviados a Europa y EEUU para que los niños de allá los beban en sus recreos. Y la Monsanto, esta empresa criminal que creó el líquido con el que han fumigado las plantaciones de coca en Colombia (fórmula química que ha traído serias repercusiones a la salud), esta empresa cuyas filiales han sido acusadas de esclavitud en Argentina, “donó” sus semillas transgénicas a Haití para “colaborar” así con el “desarrollo” del pueblo más pobre de América Latina.

Y entre otros sucesos parecidos a los mencionados, no puedo dejar de subrayar lo acontecido con el arroz. Un amigo me contó cómo desde hace años atrás el arroz que se producía en Haití fue reemplazado por el norteamericano, gracias a los famosos “subsidios” que estos hacen a su agricultura. Y ahora en las calles de Puerto Príncipe, donde este pueblo vende todo tipo de productos para subsistir, se comercializan los quintales de arroz que tienen estampada la bandera de Estados Unidos. Claro que ahora cuestan muchísimo más. Y cabe señalar que la agricultura haitiana no fue lo único que “se asesinó” en la isla, pues bajo la excusa de que los cerdos en Haití eran peligrosos para la salud, sugerencia formulada por el gobierno norteamericano, estos fueron sacrificados.

Ante todo este mundo de miserables que desfilan en las tierras haitianas, uno puede ponerse la mano en la frente y exclamar ¡Qué pena! Pero queda otra alternativa: observar y entender detenidamente cómo este pueblo, aquel que fue el primer pueblo negro del mundo en liberarse de uno de los más poderosos ejércitos de la historia (el napoleónico), lucha cada día por su dignidad.

En pocos lugares he visto tantas banderas nacionales colocadas por todos lados, salvo en otros sitios en los que está demás decir que hay un gran espíritu nacionalista (como EEUU y Brasil). Casi nunca he visto que las artesanías de la calle hagan referencia a momentos históricos de importancia para un pueblo (ya quisiera ver que se comercialicen llaveros de Eloy Alfaro en las calles de Quito).

Como antropóloga que soy, he caído en aquella práctica horrible de andar tomando fotos a las personas sin preguntarles si puedo hacerlo o no, ya no lo hago más, pero en mi visita en Haití lo hice, no con la finalidad de retratar a las personas, sino por capturar alguna cosa del escenario que llamó mi atención. Las reacciones no se hicieron esperar, me reclamaron en Creole, no entendí nada, pero sabía que me mandaron al diablo, pues como dice mi hermano “el idioma de mandarse a la mierda es universal”. Me dio tanta alegría, nunca vi esa reacción en otras personas: ¡Qué negros para orgullosos!, pensé. Por estas cosas, entre muchas otras, tengo la absoluta esperanza de que Haití algún día va a resucitar…

Y estas son mis impresiones sobre Haití. Quizás si vas, no veas nada de lo que yo vi, quizás te interese ver otras cosas. Mi sugerencia personal es que vayas a Haití no con el corazón fuerte para tolerar tanta pobreza en conjunto, como se suele recomendar, porque pobreza hay en todos lados, pero sí con el estómago apretado para no vomitar por las náuseas que provoca el observar tanto acto criminal que allí se comete contra la dignidad humana y con la suficiente humildad para sorprenderte con el maravilloso espíritu combativo del pueblo haitiano.

Por Laura González C.

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